El bruxismo es un problema frecuente y, en muchos casos, silencioso. Algunas personas no son conscientes de que aprietan o rechinan los dientes hasta que aparecen molestias, desgaste dental o tensión mandibular. En otros casos, es el dentista quien lo detecta durante una revisión, o una persona cercana quien percibe el rechinamiento durante la noche.
En Centro Premoden entendemos el bruxismo como una alteración que no debe valorarse únicamente desde el desgaste dental, sino también desde la función de la mandíbula, la musculatura y la articulación temporomandibular. Detectarlo a tiempo permite prevenir complicaciones y abordar el problema de forma más precisa.
El bruxismo consiste en apretar o rechinar los dientes de forma involuntaria, ya sea durante el día o durante el sueño. Este hábito puede provocar una sobrecarga progresiva en los dientes, los músculos de la mandíbula y la articulación temporomandibular.
Aunque no siempre existe una única causa, factores como el estrés, la tensión muscular, determinados hábitos, alteraciones de la mordida o problemas del sueño pueden influir en su aparición o agravamiento.
El bruxismo puede clasificarse según el momento en el que aparece y el tipo de movimiento que realiza la mandíbula.
Se produce durante el día y suele estar relacionado con el hábito de apretar los dientes de forma inconsciente. En muchos casos, la persona no rechina los dientes, sino que mantiene la mandíbula en tensión durante periodos prolongados.
Aparece durante la noche y puede combinar apretamiento y rechinamiento. Es más difícil de controlar porque ocurre mientras la persona duerme, por lo que muchas veces se detecta por el ruido, el desgaste dental o las molestias al despertar.
Se produce cuando los dientes se aprietan entre sí sin movimientos laterales. Suele generar una carga importante sobre las piezas dentales, la musculatura y la articulación mandibular.
En este caso existe frotamiento entre los dientes superiores e inferiores. Este movimiento puede acelerar el desgaste del esmalte y modificar progresivamente la forma de las piezas dentales.
El bruxismo puede afectar a distintas estructuras de la boca y de la zona mandibular. Sus consecuencias no siempre aparecen de forma inmediata, pero pueden agravarse con el tiempo si no se valoran adecuadamente.
El roce o la presión repetida sobre los dientes puede provocar desgaste del esmalte, dientes aplanados, fisuras o pequeñas fracturas.
Cuando el esmalte se desgasta, los dientes pueden volverse más sensibles al frío, al calor o a determinados alimentos.
La sobrecarga muscular puede generar molestias en la mandíbula, sensación de cansancio al despertar o dolor al masticar.
La tensión asociada al bruxismo puede irradiarse hacia zonas cercanas, como las sienes, el cuello o el oído.
En algunos pacientes, el bruxismo puede relacionarse con chasquidos, bloqueo mandibular, dificultad para abrir la boca o molestias en la articulación temporomandibular.
El abordaje del bruxismo debe adaptarse a cada caso. No todos los pacientes presentan el mismo grado de desgaste, la misma tensión muscular ni las mismas alteraciones en la articulación mandibular.
El primer paso siempre es realizar una valoración clínica para estudiar el estado de los dientes, la mordida, la musculatura y la articulación temporomandibular.
En muchos casos, el dentista puede recomendar una férula de descarga personalizada. Este dispositivo se fabrica a medida y se utiliza habitualmente durante la noche para proteger los dientes y reducir la sobrecarga.
La férula no debe considerarse una solución genérica, ya que necesita un diseño, ajuste y seguimiento adecuados. Si quieres ampliar información sobre este recurso, puedes consultar nuestro artículo sobre férula de descarga.
Cuando el bruxismo ha provocado un desgaste dental avanzado, puede ser necesario valorar tratamientos restauradores o rehabilitadores para recuperar la función, proteger las piezas afectadas y mejorar la estabilidad de la mordida.
En algunos casos también puede ser necesario trabajar sobre factores que agravan el bruxismo, como el estrés, determinados hábitos mandibulares, la tensión muscular o problemas relacionados con el descanso.
Aunque el tratamiento debe individualizarse, existen algunas pautas que pueden ayudar a reducir la tensión:
Estas recomendaciones pueden ayudar, pero no sustituyen una valoración clínica cuando existen síntomas persistentes.
Es recomendable consultar con un profesional si notas alguno de estos signos:
Cuando el bruxismo provoca dolor mandibular, desgaste dental, cefaleas o molestias al abrir y cerrar la boca, conviene realizar una valoración clínica para estudiar el origen del problema y decidir el abordaje más adecuado.
Si quieres ampliar información sobre cómo se estudia y trata este problema en consulta, puedes consultar nuestra página específica sobre el tratamiento de bruxismo y ATM en Centro Premoden.
El bruxismo no debe entenderse solo como un hábito de apretar o rechinar los dientes. Puede afectar a la estabilidad de la mordida, al estado del esmalte, a la musculatura mandibular y a la articulación temporomandibular.
Por eso, ante síntomas persistentes, lo más adecuado es valorar el caso de forma individual y evitar soluciones estándar. Un diagnóstico preciso permite proteger los dientes, reducir la sobrecarga y prevenir complicaciones futuras.
Licenciado por la universidad Alfonso X el sabio de Madrid, el Doctor se especializó en Cirugía Oral Avanzada e Implantología, entre otras disciplinas que detallamos a continuación
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